martes, 20 de abril de 2010

Recordares


No quisiera tenerlo que admitir pero ayer me acordé de ti mirando el andar despistado de otra mujer. He aprendido por fin caminando por las calles de Madrid a esquivar faldas que desatan tempestades, macetas sin arena ni vergüenza ni flores y camisetas llenas de escotes. Un horizonte de besos sin principio ni final que valga la pena más que para ganar una feria y perder alguna noche en vela. Estribillos que asoman por las esquinas entre musas que taconean bulerías, embutidas en versos de seda fina, ante mis ojos tristes de mirada perdida.