
Cuando te conocí en aquel bar de Alonso eras una chica tímida, insegura, con problemas de sobrepeso, reservada y llena de miedos. Parece que con el tiempo en algo ayudé a que te vaciaras de estos terribles sentimientos pero algo en ti se empeñó en rellenar los huecos que quedaron con desconfianza, odio y prejuicios. Y, con todo ese peso que perdiste con las dietas que tú te imponías y que tan mal te lo hicieron pasar, no te deshiciste de ningún lastre sino que te ceñiste de vanidad hasta que finalmente ya no quedó nada de aquella chica simpática e inquieta. Desapareció.
Y lo peor de todo es que sigo echando de menos de vez en cuando a esa rubia gordita con la que me sentaba a escuchar Guns 'n Roses... a esa chica a la que deshacía en piropos y que me hacía suspirar... a esa chica con la que aprendí a hacer el amor en su cuarto abuhardillado... a esa chica con la que tanto viajé...
Y sé que nunca volverás. Tú, que me negaste como si todo lo que compartimos nunca hubiera sido real.
Lo supe hace tiempo y por eso dejé de buscarte.
Por eso dejé de esperar.


2 comentarios:
Qué triste, Álvaro. Todo tiene un por qué o, al menos, eso creo yo. Cuídate. Yo seguiré madrugando para leer los post nocturnos ;-)
"Regreso al tiempo en que te conocí, cuando el mundo acababa en tu jardín.
Yo era el cowboy más duro de la unión y tú la bailarina del salón.
Todas te aventajaban en virtud pero ninguna daba lo que tú.
Luego volaste, alguien me contó que has hecho del amor tu profesión.
Desde que aquel invierno terminó, desde que aquel amigo se esfumó,
desde que decidiste abandonar, desde que comenzaste a resbalar
por el túnel que lleva adonde crece la más oscura flor de la ciudad."
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